Israel lanza un ataque selectivo en Beirut contra un jefe de misiles de Hezbolá y redobla su ofensiva en el sur
La aviación israelí bombardeó con precisión la periferia de la capital libanesa para eliminar a Ali al-Husseini, mientras los combates terrestres se intensifican con víctimas civiles y resistencia feroz en Zawtar al-Sharqiya.

El jueves, la fuerza aérea israelí ejecutó una «incursión aérea precisa» sobre Beirut, la primera contra la capital desde principios de mayo, en lo que fuentes israelíes describieron como un intento de asesinato selectivo de Ali al-Husseini, comandante de la unidad de misiles de Hezbolá. Según la prensa de Tel Aviv, el bombardeo, que alcanzó el área de Chouaifat en la periferia sur, se habría ajustado a las exigencias de la Administración Trump de evitar ataques a gran escala que derrumbaran edificios enteros, un gesto que confirma la estrecha coordinación bilateral sobre Líbano. Una fuente de seguridad libanesa, no obstante, afirmó que aún no se había esclarecido el objetivo exacto del impacto, mientras imágenes del lugar mostraron una densa columna de humo elevándose sobre los inmuebles.
Casi en paralelo, la aviación israelí golpeó múltiples puntos del sur del país. En Sidón, dos personas murieron al alcanzar un proyectil un apartamento residencial en el barrio de Qiya’a, y los equipos de rescate continuaban buscando atrapados bajo los escombros. Los cazas también atacaron Deir al-Zahrani, Burj al-Shamali en el distrito de Tiro y tres ubicaciones dentro de la propia ciudad de Tiro: un edificio en la zona arqueológica, otro en el barrio de Rifai y un tercero en la calle Halwani. Testimonios locales reportaron escenas de devastación en zonas densamente pobladas, lo que elevó el costo humano de la jornada.
Mientras tanto, en el frente terrestre, la resistencia ofreció una oposición tenaz en la localidad de Zawtar al-Sharqiya, impidiendo hasta el momento el avance de las tropas israelíes. Según reportes de medios afiliados a Hezbolá, los combatientes emplearon misiles pesados y sofisticados contra posiciones y puntos de concentración enemigos en los barrios meridionales y surorientales, así como a lo largo del río y en la vecina Al-Qusayr, frustrando decenas de incursiones preliminares. Desde la óptica de Teherán, la televisión estatal iraní se hizo eco de las declaraciones del primer ministro Netanyahu, quien afirmó que sus soldados habían cruzado el río Litani y reiteró que los bombardeos sobre Beirut, Tiro y otras zonas «muy poderosos» buscaban eliminar las amenazas de Hezbolá.
La secuencia de hechos dibuja un escenario de alto riesgo: mientras la aviación israelí aplica una microcirugía militar en la capital bajo supervisión estadounidense, en el sur la campaña se vuelve más destructiva y se topa con una resistencia que ralentiza la penetración. La coexistencia de un alto el fuego formalmente en vigor pero sistemáticamente incumplido añade incertidumbre sobre la capacidad de contener la espiral. Analistas en Madrid subrayan que el patrón de ataques selectivos sobre Beirut —con la aquiescencia de Washington— y los avances limitados en el sur, revelan un cálculo israelí que busca degradar la cadena de mando del grupo chií sin repetir devastaciones urbanas que precipitarían una condena internacional más amplia, al tiempo que se prepara para una posible operación de mayor envergadura hasta el Litani.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
The Israeli strike on Beirut was a "precise" attack targeting a Hezbollah commander, aligned with US demands to avoid large-scale destruction. Coordination with Washington highlights a pragmatic approach focused on surgical objectives without sparking uncontrolled escalation. The operation is framed as a targeted and calculated move.
The Israeli aggression struck a residential complex in Chouaifat, causing civilian casualties and injuries, as rescuers search the debris. The attack is part of a systematic campaign against Lebanon, condemned as occupation violence, but the Resistance confronts the enemy's advance with strength and determination. The human toll mounts and condemnation is unequivocal.
The Zionist regime claims powerful strikes on Beirut and Tyre, but its statements are met with skepticism, while dozens of martyrs are counted. The military escalation is portrayed as an attempt to crush the resistance, but enemy operations are described as claims rather than verified facts. The official Iranian narrative dismisses Israeli assertions as propaganda.
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