Irán deberá entrar y salir de Estados Unidos cada día de partido en el Mundial 2026
La selección iraní, con campamento en Tijuana por la guerra, enfrenta estrictas condiciones de visado que obligan a sus jugadores a abandonar territorio estadounidense el mismo día de cada encuentro.

La selección de Irán afronta un desafío logístico sin precedentes para la Copa del Mundo de 2026: sus jugadores estarán obligados a ingresar y abandonar Estados Unidos el mismo día de cada partido, según confirmó el embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh. En una rueda de prensa en Tijuana, el diplomático precisó que la delegación podrá entrar por la mañana y deberá salir ese día, una medida que responde directamente al estado de guerra entre Washington y Teherán.
El combinado persa ha trasladado su centro de entrenamiento de Tucson, Arizona, a la ciudad mexicana de Tijuana, desde donde viajará para disputar sus encuentros de la fase de grupos en Los Ángeles y Seattle. La decisión, acordada con la FIFA, busca equilibrar las tensiones diplomáticas con la participación deportiva, pero impone un desgaste físico y operativo considerable. Medios mexicanos han subrayado el hermetismo en torno a los detalles del desplazamiento, mientras que la prensa argentina y española destaca el impacto de esta crisis en la organización del torneo.
Las tensiones se agravaron tras el lanzamiento de misiles iraníes contra Bahréin y Kuwait, aliados de Washington, como represalia por ataques previos. Este clima bélico ha llevado a que quince miembros de la delegación estén sujetos a las restricciones más severas, según informaron fuentes diplomáticas en México. Analistas en América Latina señalan que la situación recuerda a episodios de boicots y presiones políticas en Copas anteriores, pero nunca se había dado una limitación tan quirúrgica y diaria.
La FIFA aún debe pronunciarse sobre los protocolos de traslado y la posible habilitación de corredores aéreos especiales. El riesgo de que el cansancio acumulado afecte el rendimiento del equipo y la incertidumbre sobre la seguridad de los jugadores abren interrogantes sobre la viabilidad de un formato que, en la práctica, convierte cada partido en una operación relámpago. Para el fútbol internacional, el caso iraní representa una prueba de cómo el deporte puede —o no— mantenerse aislado de las fracturas geopolíticas más profundas.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La selección iraní sufre una humillante condición: entrar y salir de Estados Unidos el mismo día del partido, por culpa de la guerra provocada por la agresión estadounidense. La concentración fue trasladada de Tucson a Tijuana, y quince miembros aún carecen de visa. El imperialismo yanqui convierte el deporte en un arma política contra su adversario.
Los jugadores iraníes deberán entrar y salir de Estados Unidos el mismo día de sus partidos del Mundial, informó el embajador iraní en México. La selección cambió su cuartel de Tucson a Tijuana a causa de la guerra. La medida añade un reto logístico a su participación.
Mientras Washington predica los valores del deporte, impone a Irán una humillante regla de entrada y salida el mismo día. El conflicto en curso, provocado por la administración estadounidense, obligó a trasladar la concentración de Tucson a Tijuana. Otro ejemplo de cómo Estados Unidos utiliza el deporte para acorralar a sus adversarios.
En vista de la guerra en curso y de los recientes ataques con misiles iraníes contra aliados de Washington, es totalmente legítimo que se impongan estrictas restricciones de movimiento a la selección iraní. Deberán entrar y salir del país el mismo día, sin pernoctar. El terrorismo de Estado de Teherán ahora afecta a sus propios jugadores, y es una consecuencia justa.
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