David Hockney, el pintor de la luz y las piscinas, muere a los 88 años
El artista británico, icono del pop art y maestro del color, falleció en Londres dejando un legado que abarca desde los paisajes de Yorkshire hasta dibujos en iPad y un récord de subasta de 90 millones de dólares.

David Hockney, una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo de los siglos XX y XXI, falleció el 11 de junio en su casa de Londres a los 88 años, apenas un mes antes de cumplir 89. La noticia, confirmada por su agente Erica Bolton, desató una ola de tributos que, desde la prensa europea hasta los medios latinoamericanos y asiáticos, coincidió en destacar su inagotable capacidad de reinvención y su amor por la vida. Hockney, nacido en Bradford en 1937, transformó la luz de California en un lenguaje pictórico universal y llevó el pop art británico a una dimensión íntima y luminosa, muy alejada de la frialdad industrial de sus contemporáneos.
Su traslado a Los Ángeles en 1964 marcó un punto de inflexión: las piscinas turquesas, los cuerpos bronceados y la arquitectura modernista se convirtieron en los motivos de obras como A Bigger Splash y, sobre todo, Portrait of an Artist (Pool with Two Figures). Esta última, que retrata a su antiguo amante Peter Schlesinger observando a un nadador sumergido, alcanzó en 2018 un récord de 90,3 millones de dólares en Christie's, la cifra más alta jamás pagada por un artista vivo. Analistas en Londres y París subrayan que esa venta no solo consagró su valor de mercado, sino que reveló la carga emocional de una obra donde el deseo, la pérdida y la luz californiana se funden en una composición de precisión casi fotográfica.
Lejos de anclarse en un estilo, Hockney pasó las décadas siguientes explorando fotocollages, paisajes abstractos del Yorkshire natal y, ya septuagenario, el dibujo digital en iPad. En 2019 se instaló en Normandía, donde registró el paso de las estaciones con la misma obsesión por la mirada que admiró en la tapicería de Bayeux. La gran retrospectiva de 2025 en la Fondation Louis Vuitton, diseñada por él mismo, atrajo a más de un millón de visitantes y fue leída por la crítica francesa como un testamento de su vitalidad. Desde la óptica de Moscú y Teherán, medios destacaron que Hockney nunca dejó de interrogar la perspectiva, mientras que en América Latina se enfatizó su condición de pionero queer que normalizó el deseo homosexual en la pintura figurativa.
El legado de Hockney no se agota en los récords de subasta ni en la iconografía pop. Su verdadera revolución, apuntan analistas culturales en Shanghái y Buenos Aires, reside en haber demostrado que la pintura puede absorber cada nueva tecnología sin perder su alma contemplativa. Las exposiciones póstumas ya programadas por la Tate para 2027 confirman que su obra seguirá generando lecturas renovadas. “Hice todo lo que quería hacer, no me arrepiento de nada”, repetía el artista, cuyo mayor legado tal vez sea haber enseñado a varias generaciones que, como él mismo dijo, “para ver realmente, hay que mirar intensamente”.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
La muerte de David Hockney se llora como la pérdida del 'rey de los colores' y 'pintor de la felicidad', que encantó al mundo con sus piscinas californianas y paisajes normandos, inspirándose en sus amantes, especialmente Peter Schlesinger, cuya historia de amor y desamor se volvió casi tan legendaria como su cuadro de 90 millones de dólares.
La muerte de David Hockney se destaca por su récord de subasta de 90,3 millones de dólares y su adopción de la tecnología —desde iPhones hasta faxes— que le permitió reinventar constantemente su arte. Su carrera de siete décadas estuvo marcada por una ética de trabajo incansable y una habilidad para fusionar la pintura figurativa tradicional con herramientas modernas.
Los medios rusos informan de la muerte de David Hockney a los 88 años, destacando su fallecimiento pacífico en casa y su estatus como uno de los artistas contemporáneos más influyentes. Resaltan su récord de subasta de 90 millones de dólares y su papel en el pop art, con un tono tranquilo y orientado a los negocios.
Los medios chinos elogian a David Hockney como un 'gigante del arte contemporáneo', una figura importante de los siglos XX y XXI que siguió pintando y exponiendo hasta el final. Los homenajes destacan su brillante uso del color y su estatus de maestro de renombre mundial, con un tono respetuoso propio de los medios estatales.
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