Arabia Saudita desmiente ataque a base aérea y vincula sirenas con misil yemenita desaparecido
Las autoridades saudíes calificaron de «falsas» las informaciones sobre un impacto en la base Príncipe Sultán, que acoge a fuerzas estadounidenses; la alerta en Al-Kharj fue una medida preventiva tras detectar un proyectil balístico lanzado desde Yemen que se desvaneció cerca de la frontera.

El Ministerio de Defensa de Arabia Saudita negó rotundamente el lunes 8 de junio que la base aérea Príncipe Sultán, en la provincia de Al-Kharj, hubiera sido blanco de un ataque. El portavoz castrense, el general de división Turki al-Malki, tachó de «falsas» las informaciones que circulaban sobre un impacto en la instalación —donde operan tropas y cazas estadounidenses— y explicó que las sirenas antiaéreas que sonaron al amanecer fueron un «procedimiento de precaución» tras el lanzamiento de un misil balístico desde Yemen. El proyectil, precisó, desapareció de los radares cerca del límite fronterizo sin representar amenaza alguna para la base.
La investigación técnica posterior, detallada por el mismo portavoz, añadió que el misil estaba dirigido originalmente contra un «Estado de la región» —en alusión a Israel—, pero que fallos técnicos desviaron su trayectoria y lo hicieron caer en una zona deshabitada próxima a la frontera saudí-yemení, sin causar víctimas. La revelación coincidió con una escalada regional de gran intensidad: el día anterior, la aviación israelí había bombardeado Beirut en represalia por ataques de Hezbolá y la Guardia Revolucionaria iraní lanzó cohetes contra territorio israelí. En ese contexto, los rebeldes hutíes respaldados por Irán reivindicaron el mismo lunes un ataque con misiles hacia Israel y anunciaron que enfrentarían «la escalada con la escalada», lo que refuerza la hipótesis de que el artefacto era parte de esa ofensiva.
La cobertura mediática reveló matices geopolíticos. La prensa árabe reprodujo el desmentido oficial con un tono de normalidad, destacando la ausencia de daños y la mesura de Riad. En contraste, los medios iraníes subrayaron que previamente «algunas fuentes habían señalado que se escucharon explosiones» en la base, alimentando la percepción de un ataque directo. Los medios rusos, por su parte, citaron a la cadena ABC News como origen de las informaciones sobre las sirenas y pusieron el foco en la presencia militar estadounidense. Esta divergencia ilustra cómo cada actor interpreta los hechos: mientras la monarquía saudí busca proyectar control, Teherán y Moscú contextualizan el incidente como muestra de la fragilidad de la seguridad en el Golfo y de la vulnerabilidad de las instalaciones con presencia occidental.
Más allá del desmentido, el episodio pone de relieve la persistente amenaza que representan los misiles hutíes pese a los intentos de distensión en Yemen y la velocidad con la que una alerta puede transformarse en la percepción de un ataque directo contra un enclave clave de la cooperación militar con Washington. Para los países hispanohablantes, el suceso recuerda que las tensiones en el Golfo repercuten de inmediato en los precios del crudo y en la seguridad de las rutas marítimas, un factor de preocupación constante para las economías importadoras de petróleo. La capacidad de Riad para gestionar estas crisis informativas será decisiva mientras consolida su papel de mediador regional.
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