Trump prolonga la tregua y mantiene el bloqueo naval mientras Irán vacila sobre las conversaciones en Islamabad
El presidente estadounidense extiende el alto el fuego hasta el miércoles, pero condiciona el fin del cerco a un acuerdo. Teherán debate si enviar una delegación a Pakistán en medio de profundas divisiones internas y acusaciones de mala fe.

La crisis entre Washington y Teherán entra en su fase más volátil. A pocas horas de que expirara la tregua de dos semanas, Donald Trump anunció una prórroga hasta la noche del miércoles, al tiempo que insistió en que el bloqueo naval sobre los puertos iraníes seguirá vigente hasta que se firme un acuerdo definitivo. “Estamos ganando la guerra por mucho”, escribió en Truth Social, presentando la campaña militar como un éxito rotundo y acusando a la prensa de distorsionar la realidad. Mientras, el vicepresidente JD Vance preparaba un viaje a Islamabad para una segunda ronda de contactos facilitada por Pakistán, aunque la participación iraní seguía sin confirmarse oficialmente.
La incertidumbre diplomática se alimenta de desconfianzas cruzadas. Según fuentes cercanas a las negociaciones, el líder supremo iraní dio luz verde a sus negociadores para asistir, pero en la cúpula del régimen persisten fracturas entre el ala diplomática y la Guardia Revolucionaria, más reacia a cualquier gesto que pueda interpretarse como cesión bajo presión militar. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, advirtió de que Irán ha preparado “nuevas cartas en el campo de batalla” y rechazó una negociación que busque la rendición. Este pulso interno se agravó después de que Trump filtrara detalles prematuros de las conversaciones y declarara que la guerra estaba prácticamente terminada, un gesto que, según investigaciones periodísticas, enfureció a los representantes iraníes y envenenó el clima de confianza.
Sobre el terreno, el bloqueo naval se ha convertido en el principal escollo. El Comando Central de Estados Unidos difundió un video en el que un artillero desde un helicóptero advierte a un buque mercante que se aleje de la zona de exclusión, mientras el Pentágono ha redirigido ya 27 embarcaciones en el Estrecho de Ormuz. Fuentes europeas y del Golfo expresan el temor de que unas eventuales conversaciones se limiten a gestionar el control iraní sobre la vía marítima, en lugar de desmantelarlo, perpetuando la capacidad de Teherán de alterar el tráfico petrolero global. La Casa Blanca defiende que un pacto desbloquearía un marco de seguridad más amplio y produciría un resultado “similar al de Venezuela” para Irán, pero las capitales árabes recelan de una solución que legitime la influencia iraní sobre la principal arteria energética del mundo.
Con la fecha límite prorrogada pero sin avances tangibles, el escenario oscila entre un acuerdo de mínimos que evite el reinicio de los bombardeos y un regreso a las hostilidades. Analistas europeos subrayan que la diplomacia no ha sustituido a la coerción, sino que la acompaña, y que el verdadero desafío no es pactar una pausa, sino hacer negociable una situación que ahora mismo se basa en la imposición de fuerza. Mientras Islamabad ultima los preparativos de seguridad, la comunidad internacional contiene el aliento; no solo está en juego la estabilidad de Oriente Medio, sino la arquitectura de la seguridad energética global.
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