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Milagros de supervivencia: del Everest a las selvas de Malasia, historias de resistencia extrema

Tres relatos de personas que desafiaron la muerte en condiciones adversas —en montaña, mar y bosque— revelan la capacidad humana de aferrarse a la vida contra todo pronóstico.

Sociedad4 medios2 idiomas3 min de lecturaActualizado 11:16

En las últimas semanas, tres historias de supervivencia en condiciones extremas han cautivado la atención internacional, recordando la inquebrantable resiliencia del espíritu humano. La más asombrosa proviene del monte Everest, donde el guía nepalí Dawa Sherpa fue hallado con vida tras seis días a la intemperie en la llamada “zona de la muerte”. Según relató desde su lecho hospitalario en Katmandú, sobrevivió mascando hielo y comiendo trozos de chocolate que llevaba en el bolsillo, después de que se le agotara el oxígeno y quedara rezagado de su grupo. Con deshidratación, congelamiento y una fractura en una pierna, Sherpa fue finalmente divisado por un equipo de limpieza de montaña cuando descendía tambaleándose hacia el campamento base. Su familia ya había iniciado los ritos funerarios, convencida de que había muerto. “Pensé que iba a morir”, confesó a la BBC, en palabras que ahora recorren el mundo.

Mientras tanto, en el sudeste asiático, otro rescate culminó con alivio en Malasia. Jaslinda Saludin, una excursionista de 49 años, sobrevivió dos semanas perdida en la densa selva del monte Batu Putih, en el estado de Perak, alimentándose únicamente de bayas silvestres. La mujer, que sufrió heridas leves, fue localizada cerca de una aldea de la comunidad indígena Orang Asli, clave en las tareas de búsqueda. Su esposo, visiblemente emocionado, agradeció a los equipos de rescate, incluidos policías, bomberos y organizaciones no gubernamentales. El caso reaviva el debate sobre la seguridad en las rutas de senderismo poco señalizadas del país.

A estas dos odiseas terrestres se suma la de miles de refugiados rohingyas que arriesgan la vida en el mar para huir de la persecución en Myanmar. Una mujer identificada como Nurul recordó cómo en 2010 navegó a la deriva durante días, bebiendo agua salada, junto a su madre y hermanas, tras vender todas sus pertenencias para pagar el pasaje en barcos pesqueros. “No nos importaba si era Malasia o Indonesia”, dijo, “solo queríamos un lugar donde comer”. Llegar a la costa malasia fue solo el inicio de una larga incertidumbre legal: dieciséis años después, ella y su comunidad siguen en un limbo, sin estatus formal y con el miedo constante a ser deportadas.

Desde la óptica de analistas en Katmandú, la experiencia de Sherpa subraya los peligros de la comercialización del alpinismo extremo, una preocupación compartida por expertos latinoamericanos que advierten sobre la falta de regulación en montañas como el Aconcagua. En el caso malasio, voces de la sociedad civil en Kuala Lumpur señalan la necesidad de mejorar la coordinación con los pueblos originarios, cuyo conocimiento del terreno fue decisivo. Para los rohingyas, observadores desde Bruselas y Ciudad de México coinciden en que la crisis humanitaria exige una respuesta multilateral más allá de los parches temporales.

Estos relatos, aunque geográficamente distantes, comparten un hilo conductor: el instinto primario de aferrarse a la vida y la solidaridad de quienes participan en los rescates. Mientras Sherpa se recupera y Jaslinda recibe el alta médica, millones de desplazados como Nurul siguen sin ver un horizonte seguro. La capacidad de sobreponerse a la adversidad más descarnada inspira, pero también interpela a los Estados y a la comunidad internacional a garantizar condiciones mínimas de dignidad para todos.

Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.

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Un guía nepalí sobrevivió seis días en el Everest mascando hielo y comiendo chocolate que llevaba consigo, después de quedarse sin oxígeno cerca de la zona de la muerte. Su familia ya había iniciado los ritos funerarios cuando un equipo de limpieza lo encontró. La historia se enmarca como un milagro de resistencia humana.

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Dado por muerto, el guía nepalí Dawa Sherpa contó desde su cama de hospital cómo sobrevivió seis días en el Everest comiendo chocolate y mascando hielo. Obligado a quedarse atrás tras quedarse sin oxígeno, fue encontrado mientras su familia ya realizaba los ritos fúnebres. El relato resalta el dramático giro del destino y la pura fuerza de voluntad.

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Sydsvenskan6 jun, 22:52
South China Morning Post (SCMP)7 jun, 07:08
Storm Media7 jun, 07:07
G17 jun, 08:18