Mamdani consolida un giro socialista en Nueva York con tiendas públicas y equidad racial tras sus primeros 100 días

Con la emblemática figura del senador Bernie Sanders a su lado, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, conmemoró sus primeros cien días de gobierno en un acto masivo en Queens, donde la propuesta más audaz fue el lanzamiento de una red de supermercados públicos. El primero de ellos se ubicará en La Marqueta de East Harlem, un movimiento que busca combatir los desiertos alimentarios y materializar un principio de economía pública directa. Este anuncio, presentado como un logro concreto de su administración, simboliza el núcleo de su proyecto: un municipalismo intervencionista que redefine el rol del Estado local en la provisión de bienes básicos.
El horizonte de Mamdani, sin embargo, se extiende más allá de los alimentos. Su administración ha blindado una inversión de 1.200 millones de dólares para cuidado infantil universal y presentó un extenso Plan Preliminar de Equidad Racial de 375 páginas. Este documento, que diagnostica una brecha de riqueza de más de 180.000 dólares entre hogares blancos y negros, sirve de justificación para una reasignación de recursos que incluye recortes a la policía y aumentos impositivos. Desde la óptica de Bruselas, estas medidas representan una inusual aplicación doméstica de agendas de justicia social típicamente promovidas en foros globales, mientras que, en América Latina, observadores ven un paralelismo con debates sobre el Estado empresario y la redistribución.
La justificación ideológica fue explícita. Frente a la multitud, Mamdani revisitó la célebre crítica de Margaret Thatcher al socialismo —que éste se queda sin el dinero de los demás— para invertirla: "El problema del capitalismo es que siempre se queda sin el dinero de la gente trabajadora", declaró. Este marco discursivo, analistas en Ciudad de México señalan, busca anclar políticas concretas como la peatonalización de Grand Army Plaza en Brooklyn —para unirla con el Prospect Park— dentro de una narrativa de lucha de clases urbana y recuperación del espacio público.
El ritmo de las iniciativas y el tono abiertamente socialista han polarizado la percepción sobre su gobierno. Para sus partidarios, es la ejecución prometida de un programa que pone al gobierno municipal al servicio de la mayoría trabajadora y de las minorías históricamente excluidas. Sus críticos, en cambio, lo ven como un experimento riesgoso que podría tensionar las finanzas de la ciudad más grande de Estados Unidos. El éxito o fracaso de este modelo, coinciden observadores en Madrid, podría influir en el futuro del progresismo urbano a ambos lados del Atlántico, midiendo la viabilidad de trasladar teorías de justicia económica a la gestión cotidiana de una metrópolis global.
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