Israel y Líbano pactan negociaciones directas tras su primer diálogo en 33 años, mientras los combates persisten
El encuentro en Washington, mediado por Marco Rubio, abrió la vía a conversaciones bilaterales, aunque sin un alto el fuego inmediato. Hezbolá se opone y los ataques continúan en ambos lados de la frontera.

El primer contacto diplomático directo entre Israel y Líbano en más de tres décadas se materializó el martes en Washington. Los embajadores de ambos países, Yechiel Leiter y Nada Hamadeh Moawad, se reunieron durante dos horas en la sede del Departamento de Estado con la mediación del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien calificó el momento de «oportunidad histórica». Al término del encuentro, las partes acordaron iniciar negociaciones directas «en una fecha y lugar que se acordarán mutuamente», según un comunicado oficial. Sin embargo, las hostilidades no cesaron: el mismo día, Hezbolá lanzó una treintena de cohetes contra el norte de Israel —un ataque que hirió a un civil en Tamra—, mientras cazas israelíes bombardeaban dos vehículos en la carretera costera al sur de Beirut, cerca de Saadiyat y Jiyeh, dejando víctimas calcinadas y evidenciando la fragilidad del proceso.
Desde la óptica de Washington, el diálogo fue presentado como un primer paso para reconfigurar el equilibrio de poder en Líbano. «Estamos unidos en el deseo de liberar al Líbano de la fuerza de ocupación controlada por Irán, la llamada Hezbolá», declaró el embajador israelí, según recogió la prensa europea. La representante libanesa, por su parte, subrayó «la integridad de nuestro territorio y la plena soberanía del Estado sobre toda la tierra libanesa» y exigió un alto el fuego, así como medidas concretas para paliar la grave crisis humanitaria que, de acuerdo con cifras citadas por medios británicos, ha dejado ya más de 2.000 muertos desde la escalada militar israelí. La presidencia libanesa expresó su esperanza de que estas conversaciones «marquen el principio del fin» del sufrimiento del país.
Analistas en Moscú destacaron que se trata de las primeras negociaciones presenciales de este nivel desde 1993, un dato que la prensa rusa subrayó con insistencia, no solo por el lapso temporal sino porque ambos países carecen de relaciones diplomáticas desde la fundación del Estado judío. Desde Bruselas, la lectura se centró en la carga simbólica y en las escasas posibilidades de un acuerdo inmediato: diarios como El País e Il Sole 24 Ore calificaron el encuentro de «prólogo» sin capacidad real de detener la ofensiva militar israelí contra Hezbolá. En América Latina, La Jornada informó del pacto para dialogar al tiempo que reportaba el recrudecimiento de los ataques en el sur libanés, reflejando la doble realidad de avance diplomático y continuidad de la violencia que caracteriza a la región.
El camino hacia una paz duradera enfrenta obstáculos profundos. Hezbolá, que no participó en las conversaciones y las rechazó explícitamente, mantiene su capacidad de fuego y su arraigo en el sur del Líbano. Además, Líbano insiste en la implementación del alto el fuego pactado en noviembre de 2024, un compromiso que nunca llegó a consolidarse. Para Estados Unidos, que busca debilitar la influencia iraní en el Levante, las negociaciones directas entre Beirut y Jerusalén son un instrumento diplomático de largo plazo, pero el eco de las explosiones en la frontera recuerda que la distancia entre la mesa de diálogo y el terreno sigue siendo abismal.
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