Israel intensifica su ofensiva en el sur del Líbano mientras Hezbollah responde y crece la alarma por la disuasión
Pese a la tregua, la aviación israelí atacó 310 objetivos y mató a 80 combatientes; Hezbollah lanzó 24 operaciones en un día y mandos israelíes temen una erosión de su capacidad disuasoria.

La frágil calma que siguió al alto el fuego en el sur del Líbano se ha quebrado con una nueva escalada de violencia que revela la profundidad de la crisis de disuasión entre Israel y Hezbollah. En la última semana, la fuerza aérea israelí bombardeó unos 310 objetivos vinculados al grupo chií, en operaciones que, según el ejército, causaron la muerte de aproximadamente 80 de sus combatientes [A4][A7]. Simultáneamente, la resistencia islámica libanesa anunció la ejecución de 24 operaciones contra posiciones israelíes en apenas 24 horas, un ritmo que ha encendido las alarmas en el seno del mando militar israelí [A5].
Desde Beirut, los reportes detallan una geografía del castigo que abarca las regiones de Nabatieh y Bint Jbeil. Aviones de combate y drones atacaron las localidades de Majdal Zoun, Toulin, Jibsheet y la propia ciudad de Nabatieh, mientras la artillería golpeaba Hannaouieh, Sahmar, Mansouri y otras aldeas [A1]. En paralelo, el ejército israelí emitió una inusual advertencia de evacuación para los habitantes de Sarafand, Tafahata y Mazraat Sinaï; el alcalde de Sarafand instó a la población a buscar refugio, cerrar comercios y no obstruir las vías de emergencia, en un gesto que anticipaba una posible incursión terrestre hacia Majdal Zoun [A2].
Fuentes iraníes y medios israelíes coinciden en un diagnóstico inquietante: la capacidad de Hezbollah para sostener ataques con drones y misiles está erosionando la ventaja estratégica de Israel. La radio del ejército israelí admitió que, desde el anuncio del cese de hostilidades, 18 soldados han muerto en el frente libanés, y analistas en Teherán subrayan que los bombardeos sobre Dibbine, Khiam y el valle de Wadi al-Hujair no han logrado silenciar la respuesta del grupo armado [A3][A5]. Un video difundido por las fuerzas israelíes muestra una incursión en la aldea de Dibbine, a 12 kilómetros de la frontera, donde aseguran haber eliminado a varios milicianos en una zona situada al norte de su propia línea defensiva, evidencia de que la penetración territorial es ya un hecho [A6].
El recrudecimiento de los combates coincide con un momento diplomático delicado: el presidente estadounidense Donald Trump anunció un memorando de entendimiento con Irán que incluye a Líbano, pero los raids israelíes continuaron el viernes sobre Jibsheet y Areed Dibbine, y se produjo una detonación controlada en Khiam [A7]. Desde la óptica de Washington, la paradoja es evidente: mientras se negocia un nuevo marco de seguridad regional, sobre el terreno se libra una guerra de desgaste que, según admiten medios israelíes, está generando una "preocupación significativa" entre los mandos por la pérdida de poder disuasorio frente a Hezbollah [A5]. La combinación de una ofensiva aérea masiva, avances terrestres puntuales y una resistencia que no cede dibuja un escenario en el que la próxima ronda de conversaciones deberá lidiar no solo con el alto el fuego formal, sino con una realidad militar que ya lo ha desbordado.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Las fuerzas de ocupación israelíes intensificaron su agresión contra el sur del Líbano, lanzando una serie de incursiones aéreas y bombardeos de artillería contra varias localidades en los distritos de Nabatieh y Bint Jbeil. Las zonas civiles fueron atacadas y los residentes de varias aldeas recibieron avisos de evacuación mientras continuaban los bombardeos. Los ataques se presentan como un asalto implacable al territorio libanés.
Mientras los aviones de guerra y drones israelíes atacaban varios puntos del sur del Líbano, Hezbolá respondió con una serie de operaciones contra posiciones militares israelíes. Los medios israelíes reconocieron la creciente preocupación entre los mandos por la erosión de la disuasión y la dificultad de lograr la victoria. La resistencia se presenta como resiliente y capaz de infligir daños significativos.
El ejército israelí anunció que atacó aproximadamente 310 posiciones de Hezbolá en el sur del Líbano, matando a unos 80 operativos. Las tropas terrestres operan simultáneamente a lo largo de la línea del frente para destruir infraestructura y neutralizar amenazas. Los informes destacan el descubrimiento de depósitos de armas y los esfuerzos en curso para degradar las capacidades de Hezbolá.
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