Irán acusa a la AIEA de politizar su programa nuclear y exige condena a ataques armados
Teherán denuncia que la pérdida de acceso a instalaciones se debe a los bombardeos de Estados Unidos e Israel, y advierte contra la normalización de agresiones a sedes bajo salvaguardas.

La delegación iraní ante la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (AIEA) calificó el viernes los ataques contra sus instalaciones nucleares bajo salvaguardas como los “más extensos y sin precedentes” en la historia de la agencia, y reclamó una respuesta internacional contundente. Según el comunicado oficial, citado por medios persas, Estados Unidos e Israel lanzaron un total de 17 oleadas de ataques durante las últimas guerras, incluyendo un bombardeo considerado de extrema peligrosidad en las cercanías de la central de Bushehr.
La intervención se produjo en un clima de creciente tensión, tras el último informe de la AIEA que advierte sobre la imposibilidad de verificar materiales en algunas instalaciones dañadas. Sin embargo, desde Teherán el viceministro de Exteriores, Kazem Gharibabadi, subrayó en la red social X que esa pérdida de acceso no surgió en el vacío, sino que es consecuencia directa de las agresiones militares. “No se puede ignorar el origen de la disrupción y luego presentar las consecuencias como una queja contra Irán”, escribió, acusando al director general Rafael Grossi de no haber condenado nunca esos ataques.
En la misma línea, la representación iraní recordó que en 1981, tras el bombardeo israelí al reactor iraquí Osirak, la AIEA y la ONU adoptaron resoluciones de condena, y que cualquier ataque a instalaciones nucleares pacíficas constituye una violación del derecho internacional y del estatuto del organismo. Irán advirtió que la normalización de este tipo de acciones supone una grave amenaza para el régimen de no proliferación y la seguridad global.
En el ámbito diplomático, Gharibabadi instó a la agencia a no convertir los informes técnicos en “instrumentos de presión política” si desea contribuir a una solución negociada. Medios árabes y latinoamericanos han recogido las críticas iraníes, que ponen de relieve la fractura entre las potencias occidentales y los países que, como Irán, denuncian un doble rasero en la supervisión nuclear. La controversia amenaza con enrarecer aún más las perspectivas de un diálogo constructivo en un momento de alta volatilidad regional.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
El informe del OIEA ignora la causa de fondo: los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra instalaciones bajo salvaguardias. El director general, sometido a Occidente, nunca condenó las agresiones y explota sus secuelas para fabricar ambigüedad sobre el programa nuclear iraní. Teherán advierte que normalizar tales ataques pone en peligro todo el régimen de no proliferación.
Fuentes diplomáticas occidentales acusan a Irán de explotar los ataques militares como pretexto para eludir las inspecciones y justificar el enriquecimiento de uranio. La Junta de Gobernadores sigue centrada en las reservas no aclaradas y el acceso denegado, viendo la retórica de Teherán como una cortina de humo. Crece la impaciencia con la estrategia iraní de victimismo.
Jerusalén considera el programa nuclear iraní una amenaza existencial y los bombardeos selectivos como legítima defensa propia. La queja ante el OIEA es hipocresía, tras años de ocultación y violaciones. Israel seguirá actuando para impedir un Irán nuclear, más allá de las representaciones diplomáticas.
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