Estados Unidos intensifica su campaña letal en el Pacífico oriental con nuevas muertes atribuidas al narcotráfico

La campaña militar de Estados Unidos contra el narcotráfico en aguas internacionales registró un nuevo y letal capítulo este fin de semana, con el anuncio del Comando Sur de haber destruido dos embarcaciones en el Pacífico oriental, resultando en cinco fallecidos y un solo superviviente. Los ataques, ejecutados el pasado sábado y difundidos mediante videos en redes sociales que muestran las explosiones, elevan a un mínimo de 168 el número de personas eliminadas en operaciones similares desde que la administración Trump inició esta ofensiva a principios de septiembre, enmarcándola como un "conflicto armado" contra los cárteles latinoamericanos.
Desde la óptica de Washington, esta estrategia representa una escalada necesaria en la guerra contra unas organizaciones criminales a las que el presidente ha denominado "narcoterroristas". El Comando Sur justificó los últimos ataques argumentando que la "inteligencia confirmó" que las lanchas transitaban por rutas conocidas del narcotráfico, aunque, como en ocasiones anteriores, no hizo pública evidencia concreta de que transportaran drogas en el momento de los impactos. Esta persistente falta de transparencia es uno de los ejes centrales de las críticas que ha generado la campaña a nivel internacional.
Desde la óptica de Bruselas y de organismos multilaterales, la ofensiva estadounidense suscita una profunda preocupación por el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos. Tanto Naciones Unidas como diversas ONG han condenado enérgicamente estas acciones, calificándolas de ejecuciones extrajudiciales que ocurren fuera de cualquier marco legal reconocido. Analistas en Ciudad de México señalan, por su parte, que estas operaciones unilaterales socavan la soberanía de los países de la región y evaden los mecanismos de cooperación existentes, al tiempo que podrían exacerbar la violencia y la inestabilidad, sin abordar las complejas causas estructurales del tráfico de drogas.
Mirando hacia el futuro, esta política de ataques cinéticos parece consolidarse como un pilar de la estrategia de seguridad estadounidense, incluso mientras Washington despliega simultáneamente recursos navales para otras misiones, como un proyectado bloqueo a puertos iraníes. Expertos en seguridad hemisférica prevén que la continuidad de esta campaña, caracterizada por su opacidad y letalidad, no solo tensionará aún más las relaciones con gobiernos latinoamericanos, sino que planteará cuestionamientos fundamentales sobre los límites de la jurisdicción y el uso de la fuerza en la lucha global contra las drogas, con un costo humano creciente y efectos geopolíticos impredecibles.
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