El retorno del gusano barrenador y otras plagas que desafían al mundo
La reaparición de la mosca barrenadora en Estados Unidos coincide con un caso de peste en Nuevo México, mientras Argentina aprueba maíz transgénico y Google propone liberar mosquitos estériles.

Por primera vez en seis décadas, el gusano barrenador del Nuevo Mundo —una larva que devora tejido vivo de animales y humanos— ha reaparecido en explotaciones ganaderas del suroeste de Estados Unidos, con casos confirmados en Texas y Nuevo México. Desde Washington, analistas vinculan el brote con los drásticos recortes del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) impulsado por la administración Trump, que debilitaron los programas de vigilancia y control que mantenían a raya esta plaga erradicada desde los años sesenta. La crisis obligó a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) a autorizar por vía de emergencia el uso de nitenpyram, un antiparasitario genérico hasta ahora empleado contra pulgas, para tratar infestaciones en perros y gatos, un reflejo de la urgencia sanitaria.
En paralelo, las autoridades de salud de Nuevo México confirmaron la primera muerte por peste en el estado en 2026, una mujer del condado de Santa Fe que contrajo la bacteria Yersinia pestis, probablemente por la picadura de una pulga infectada. Aunque la peste evoca las pandemias medievales, en el oeste estadounidense persiste como una zoonosis endémica entre roedores silvestres, y su reaparición subraya la fragilidad de los sistemas de vigilancia epidemiológica cuando se reduce la inversión pública. Mientras tanto, en América Latina la respuesta a las plagas adopta un cariz biotecnológico: Argentina se convirtió en el primer país del mundo en aprobar la comercialización de un maíz transgénico diseñado para resistir el ataque de insectos lepidópteros, una medida que, según fuentes del sector agropecuario, busca preservar la productividad del cultivo sin depender exclusivamente de insecticidas químicos.
En Europa, la preocupación se centra en invasiones silenciosas. En la provincia de Escania, al sur de Suecia, la polilla del boj —una mariposa nocturna originaria de Asia— está arrasando setos ornamentales tras haber llegado al continente hace dos décadas en plantas importadas de China. Los vecinos de Helsingborg describen arbustos reducidos a “esqueletos” en cuestión de días, un recordatorio de cómo el comercio global facilita la dispersión de especies exóticas sin enemigos naturales. Del otro lado del espectro tecnológico, el proyecto Debug de Google solicita permisos federales para liberar millones de mosquitos macho estériles en Nueva Jersey, California y Florida, con el fin de reducir las poblaciones de mosquitos vectores de enfermedades como el dengue o el zika.
La convergencia de estos episodios —desde el resurgimiento de una plaga que se creía vencida hasta la apuesta por la ingeniería genética y los insectos estériles— revela un panorama global en el que la seguridad biológica depende tanto de la vigilancia estatal constante como de la innovación. El caso del gusano barrenador en Estados Unidos funciona como una advertencia: cuando los recortes presupuestarios desmantelan los sistemas de prevención, amenazas que parecían superadas pueden regresar con consecuencias imprevisibles para la salud pública, la ganadería y el comercio internacional.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
Los recortes de gasto de Trump y Musk están teniendo consecuencias desastrosas: la falta de fondos para los servicios fitosanitarios ha permitido el regreso de parásitos devastadores como el gusano barrenador, que ahora amenaza los ranchos estadounidenses. La situación se agrava con brotes de peste y un caos normativo, mientras el gobierno parece más interesado en experimentos tecnológicos que en proteger la salud pública.
Argentina ha hecho historia al convertirse en el primer país del mundo en aprobar un maíz transgénico para combatir una plaga de lepidópteros, demostrando liderazgo tecnológico y compromiso con la seguridad alimentaria. Esta medida ofrece a los agricultores una solución eficiente, reduciendo pérdidas y la dependencia de pesticidas químicos.
En Suecia, los residentes de Escania están descubriendo que sus setos de boj están infestados por la polilla del boj, una plaga que ya ha destruido varias plantas en un vecindario. El hallazgo fue casual, cuando una vecina notó hojas dañadas y encontró numerosas larvas. Los vecinos confirmaron que sus arbustos eran irrecuperables.
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