El periodista, entre la gesta fundacional y los desafíos globales: la herencia de La Gazeta
En el Día del Periodista argentino, voces de Iberoamérica y Europa analizan el legado histórico y los retos actuales de un oficio que persiste como garante de verdad y memoria.

El 7 de junio, Argentina conmemora el Día del Periodista en homenaje a la fundación, en 1810, de La Gazeta de Buenos Aires, primer periódico de la etapa independentista. Creada por decreto de la Primera Junta y bajo el impulso de Mariano Moreno, la publicación nació con el doble propósito de difundir los actos de gobierno y acercar noticias del exterior, sentando así las bases de un periodismo concebido como servicio público. Este aniversario, que remite a una pieza fundacional del relato nacional, se proyecta más allá de la efeméride para interpelar el presente de la profesión en toda su complejidad.
La fecha adquiere hoy una resonancia particular en el Cono Sur, donde analistas subrayan que el oficio debe sortear obstáculos renovados —presiones económicas, politización y desinformación— para mantenerse fiel a su vocación de verdad. Como señalan en la prensa argentina, el recuerdo de aquella voz pionera de hace 216 años resuena con fuerza en un contexto en que el periodismo enfrenta alteraciones profundas en su quehacer cotidiano. La memoria de La Gazeta se convierte así en un llamado a la resistencia informativa.
Pero la labor periodística trasciende la coyuntura: desde el interior del país, en la voz de un lector de Tafí del Valle, emerge una imagen poética que define al periodista como “un caminante de la palabra”, un testigo del alba que impide que el olvido gane y rescata injusticias del silencio. Esta perspectiva, arraigada en el noroeste andino, reivindica la función ética del comunicador como guardián de la memoria colectiva, capaz de dar nombre al dolor que otros apartan.
En el ámbito europeo, las reflexiones sobre el oficio adquieren otros matices. Desde España, la sátira literaria pone el foco en la precariedad del escritor autónomo que aspira a un lugar en las élites culturales, revelando las tensiones entre legitimidad y mercantilización. Mientras, en Italia, la crónica de una agotadora jornada de edición con el novelista Jonathan Littell —reescribiendo párrafos enteros en un laboratorio colectivo— evoca la exigencia casi artesanal de quien trabaja con la palabra, recordando que la claridad y la precisión son el resultado de un esfuerzo muchas veces invisible. Estas miradas, aunque distantes del epicentro argentino, dialogan con la esencia del periodismo: un quehacer que oscila entre la urgencia de la noticia y el rigor de la forma.
En tiempos de aceleración digital y fragmentación de audiencias, el Día del Periodista invita a un balance que trascienda lo local. La herencia de Moreno, que vinculó prensa y proyecto político, se renueva en cada redacción que apuesta por la información verificada y el análisis pausado. La conmemoración no solo honra un pasado, sino que proyecta un horizonte: el de un periodismo que, desde Buenos Aires hasta Madrid o Roma, sigue siendo antídoto contra la opacidad y herramienta insustituible de la vida democrática.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
En Argentina, el Día del Periodista, el 7 de junio, recuerda la aparición en 1810 de la Gazeta de Buenos Aires, primer periódico de la etapa independentista. Las columnas celebran la misión irrenunciable del periodismo en la búsqueda de la verdad, enlazando el espíritu pionero de Mariano Moreno con los desafíos actuales. El periodista es presentado como un testigo del alba, un caminante de la palabra que evita que la sociedad avance a oscuras.
La prensa mediterránea europea adopta una mirada irónica y distante sobre el oficio periodístico. Una carta burlona a un tribunal del gremio propone una amistad de mutua conveniencia, al tiempo que una trastienda del diario de un escritor deja ver reescrituras, irritaciones y falta de concesiones. El retrato es el de un oficio sin brillo, despojado de heroísmo y gobernado por pequeñas vanidades.
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