El caos electoral retrasa los resultados en Perú y proyecta una segunda vuelta ajustada

La incertidumbre se apoderó del proceso electoral peruano tras una jornada dominical marcada por graves fallos logísticos, que obligaron a extender la votación hasta este lunes y retrasaron indefinidamente la proclamación de resultados oficiales. Más de 52,000 electores en Lima y en dos circunscripciones de Estados Unidos, privados de sufragar por la falta de material, tendrán una oportunidad excepcional, en un hecho sin precedentes que ha sembrado dudas sobre la pulcritud del proceso. Desde la óptica de Bruselas, esta disfunción es vista como un síntoma más de la profunda inestabilidad institucional que atraviesa el país andino.
Pese al caos, los sondeos a boca de urna apuntan a un escenario claro, aunque estrecho: la candidata de derecha Keiko Fujimori se perfila para pasar a una segunda vuelta el 7 de junio, aunque con un apoyo que ronda solo el 16%. La verdadera batalla, y la que mantiene en vilo al país, es por el segundo puesto, donde hasta cuatro candidatos —el conservador Rafael López Aliaga, el izquierdista Roberto Sánchez, Hernando Nieto y el centrista Ricardo Belmont— libran un duelo estadístico con diferencias mínimas, reflejando un paisaje político atomizado entre 35 aspirantes. Analistas en Ciudad de México señalan que esta fragmentación es el resultado directo de una década de crisis de representación y desgaste de los partidos tradicionales.
El contexto histórico agrava la tensión. Perú se apresta a elegir a su noveno presidente en diez años, en un clima de frustración generalizada por la corrupción, la inseguridad y la gestión de la pandemia. La sombra alargada de Alberto Fujimori, padre de Keiko, presidiario por crímenes de lesa humanidad, planea sobre la contienda y polariza al electorado. Observadores en Madrid subrayan que la posibilidad de un retorno al fujimorismo, aun a través de la hija, reactiva los traumas políticos de los años noventa y divide profundamente a la sociedad.
Mirando hacia adelante, el camino que se abre es complejo. La segunda vuelta, sea cual sea el rival de Fujimori, promete ser un choque de proyectos antagónicos en un país exhausto. La lentitud en el conteo y las acusaciones infundadas de fraude que ya circularon el domingo, según reportes, añaden un elemento de desconfianza que podría erosionar la legitimidad del ganador final. Desde una perspectiva latinoamericana, el caso peruano se observa con preocupación como un espejo de las disfunciones democráticas que, con distintos matices, afectan a la región, donde la eficacia estatal para garantizar procesos básicos parece cada vez más frágil.
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