Del rechazo a la superstición a la paciencia: el islam asiático revive sus enseñanzas éticas
En Indonesia, Irán y Bangladés, eruditos y fieles reinterpretan hadices y plegarias para hacer frente a males sociales como la mendicidad, la impaciencia y la falsa piedad.

En diversas regiones del mundo islámico, desde el sudeste asiático hasta Oriente Medio y el sur de Asia, se observa un renovado interés por las enseñanzas éticas del profeta Mahoma y los sabios musulmanes, aplicadas a los desafíos contemporáneos. Comunidades en Indonesia, Irán y Bangladés recurren a los hadices y a las orientaciones de eruditos para combatir males como la superstición, la impaciencia y la dependencia social, en un esfuerzo por anclar la vida moderna en valores espirituales.
En Indonesia, el país con la mayor población musulmana, el predicador Buya Yahya ha criticado la costumbre extendida de pedir a los líderes religiosos objetos personales —turbantes, anillos— con la esperanza de obtener bendiciones. Esta práctica, lejos de ser un acto de fe genuina, refleja una comprensión errónea de la espiritualidad y puede acarrear perjuicios. En la misma línea, una tradición profética recogida por medios locales advierte que ridiculizar la religión es una de las tres señales de necedad, junto con descuidar las obligaciones divinas y hablar en exceso sin recordar a Dios. Ambos mensajes subrayan la necesidad de una piedad auténtica, alejada de ritualismos vacíos.
Desde Irán, la reflexión ética se ha centrado en la paciencia. En unas lecciones del líder de la revolución islámica, se comentó un hadiz que distingue tres formas de paciencia —ante la desgracia, en la obediencia y para evitar el pecado— y se insistió en que debe ir acompañada de certeza en la fe. Esta enseñanza se complementa con una plegaria de la Sahifa Sajjadiya, muy difundida en el mundo chiita, que invoca el auxilio divino frente a la opresión y busca la serenidad del creyente. Mientras, en Bangladés, la prensa islámica subraya el concepto de istidraj: la estrategia divina de conceder un respiro a los malhechores antes de un castigo ejemplar, siendo la idolatría y el abandono deliberado de la oración las faltas más graves.
En otra vertiente de la enseñanza indonesia, se recuerda que el Profeta vinculó la mendicidad habitual y la mentira a la humillación personal, en un hadiz dirigido a su yerno Alí. Frente a la dependencia de otros, se exalta una práctica sencilla pero poderosa: el salawat o bendición sobre Mahoma, que según los eruditos atrae la misericordia divina, eleva el rango espiritual y asegura que las súplicas sean escuchadas. Estos contrastes —entre la condena de la falsa religiosidad y la exaltación de los actos sinceros— reflejan un esfuerzo colectivo por revitalizar la moral islámica en sociedades que buscan anclaje ético en medio de la modernidad.
Cómo se cuenta la misma historia en otros lugares.
En el bloque del sudeste asiático, la noticia se convierte en una lección moral: insultar la religión es señal de ignorancia espiritual, y la costumbre de pedir objetos a los líderes religiosos para obtener bendiciones es condenada como un error. Se exhorta en cambio a multiplicar las bendiciones al Profeta, fuente de misericordia y reforma interior.
En el bloque iraní, el relato se centra en un hadiz sobre la paciencia en la calamidad y una súplica de liberación de la opresión, citando a un líder religioso mártir. Se subraya la perseverancia ante las pruebas y la confianza en Dios, con un trasfondo de resistencia frente a los injustos.
La prensa del sur de Asia lanza una advertencia: Alá castiga a los criminales, en especial a los que cometen shirk, mediante el istidraj (destrucción gradual). Se subraya que Dios concede un respiro a los opresores para luego derribarlos, en un tono de alarma y condena moral.
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