Colonos israelíes obligan a una familia palestina a exhumar a su anciano padre recién enterrado en Cisjordania
Los colonos alegaron que la tumba estaba demasiado cerca del asentamiento de Sha-Nur, recientemente rehabilitado; el ejército israelí investiga el incidente y niega su participación directa.

La mañana del viernes, Hussein Asasa, un palestino de 80 años, fue enterrado en el cementerio de su aldea, Al-Asa’asa, al sur de Yenín, tras fallecer por causas naturales. La familia había tramitado todos los permisos con el ejército israelí, cuyas fuerzas estuvieron presentes durante el sepelio [A5][A4]. Apenas concluida la ceremonia, un grupo de colonos de la cercana Sha-Nur se presentó en el lugar y comenzó a excavar la tumba, argumentando una supuesta proximidad con el perímetro del asentamiento [A4][A3]. Según el testimonio del hijo, Mohamed, los colonos amenazaron con utilizar una excavadora mecánica, lo que llevó a la familia a exhumar el cuerpo por sus propios medios para evitar su profanación y trasladarlo a otro sitio [A3][A2]. El portavoz del ejército israelí declaró que se confiscaron herramientas de excavación y que los hechos serían investigados, al tiempo que subrayó que «no había razón para actuar así» [A2].
Las lecturas del suceso difieren según las fuentes. La agencia palestina WAFA atribuyó inicialmente la coacción a la presencia directa de soldados israelíes [A1], mientras que los medios israelíes N12 y Jerusalem Post enfatizaron que los colonos actuaron por cuenta propia y que el ejército intervino con posterioridad para reprobar la acción [A2][A4]. El asentamiento de Sha-Nur, evacuado en 2005 durante el plan de retirada de Gaza y recientemente rehabilitado por el gobierno de Netanyahu [A5], se ha convertido en un emblema de la expansión colonizadora en el norte de Cisjordania. Organizaciones de derechos humanos en Ramallah vincularon la exhumación forzada con una oleada de ataques simultáneos de colonos en otras aldeas —Lubban Asharqiya, Abu Falah y Khirbet Shuweika— donde se quemaron viviendas y vehículos y se escribieron consignas racistas [A1].
Desde la óptica de Bruselas, la diplomacia europea ha expresado su profunda preocupación por la proliferación de la violencia de los colonos y la fragilidad del principio de legalidad en los territorios ocupados. Observadores en Madrid recordaron que España mantiene un histórico respaldo a la solución de dos Estados y ha condenado de forma reiterada los asentamientos ilegales, posición compartida por la mayoría de las cancillerías iberoamericanas. En Ciudad de México, analistas señalaron que el episodio evoca las tensiones territoriales que viven numerosas comunidades indígenas en América Latina, donde la presión sobre tierras ancestrales por parte de actores privados suele generar ciclos de despojo y resistencia.
El incidente de Al-Asa’asa no es un hecho aislado, sino indicador de una dinámica más amplia. La decisión del gobierno israelí de consolidar asentamientos como Sha-Nur aumenta las fricciones en zonas ya altamente volátiles. Si las investigaciones internas no producen deslindes claros ni medidas de protección, el desgaste de la confianza entre las comunidades palestinas y las fuerzas de seguridad israelíes se profundizará, restando credibilidad a cualquier iniciativa de distensión. Desde una perspectiva latinoamericana, este tipo de acciones unilaterales son vistas como obstáculos directos a la viabilidad del proceso de paz y a los principios de convivencia que la comunidad internacional ha defendido durante décadas.
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